
Aviones europeos y de la OTAN contactaron visualmente con ellos, los sobrevolaron e incluso un helicóptero les hizo llegar algunas botellas de agua y algo de comida, pero nadie se hizo cargo de ellos. La guardia costera italiana también estaba avisada, pero tampoco se movilizó para ayudarles. 61 inmigrantes africanos (etíopes, nigerianos, eritreos, sudaneses y ghaneses), entre los que había una veintena de mujeres y dos niños de corta edad, uno de ellos de un año, murieron de hambre y sed en el mar, abandonados a su suerte, después de permanecer a la deriva durante más de 16 días, cuando intentaban llegar a Lampedusa desde Trípoli.
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